sábado, 30 de marzo de 2013

Cueva Hoyuca


Participantes: Carlos Heras, Raúl Camacho y la que escribe, Pilar Carrasco


Tras la incursión en la cueva de Llueva hacía dos días, decidimos seguir indagando en el sistema de los Cuatro Valles con sus más de 45 km de galerías. Esta vez decidimos hacer una visita a la Cueva de la Hoyuca en el barrio de la Iglesia de Riaño. No conocíamos la boca de entrada, así que empezamos por buscarla. Gracias a la ayuda de algún vecino del pueblo de Riaño  la encontramos fácilmente, pues  se encuentra al lado de un pequeño Museo de la Leche que resultó ser del amable señor que nos había dado las indicaciones para encontrar la boca.





Un pequeño destrepe algo delicado nos da la bienvenida a la cueva, seguido de un laminador con algo de barro. Pasamos algún desfonde y pronto nos podemos poner de pie. La galerías son pequeñas pero cómodas, hasta llegar a un punto donde la galería se estrecha muchísimo. 



Primero intento pasar yo pero no lo veo claro y retrocedo, Camacho lo intenta y con más fuerza que maña, lo consigue. No voy a ser menos, así que me armo de valor y paso yo también. A Carlos no le convence, y viendo en la topografía que existe un camino pararelo, decide ir por este otro…la verdad es que mirando la estrechez desde fuera acojona.



Continuamos por las galerías hasta que volvemos a unirnos los tres más adelante. Poco a poco vamos recorriendo la cueva: cascadas, 



galerías amplias, 







alguna zona estrecha,…hasta llegar al río. Aunque lleva poca agua, si queremos continuar tenemos que arrastrarnos por el lecho de gravilla del río, ya que el techo va en disminución hasta acabar siendo un laminador. 
Como no nos apetecía mucho mojarnos enteritos, decidimos acabar la aventura y darnos la vuelta. Ya habíamos conseguido nuestro objetivo, meterle mano a esta gran cueva para seguir con futuras exploraciones más adelante. Ahora solo nos quedaba volver al coche, pegarnos una ducha en el albergue y disfrutar del resto del día dándonos un homenaje en nuestra bocatería preferida de Laredo.





jueves, 28 de marzo de 2013

Cueva Llueva (Cueva del Coverón)


Participantes: Carlos Heras, Raúl Camacho y la que escribe, Pilar Carrasco


En muchas ocasiones habíamos oído hablar de los largos macarrones de la Cueva de Llueva y como mucho de nosotros no los conocíamos decidimos subir el neopreno para Cantabria y visitar esta bonita y entretenida cueva. 
Aparcamos el coche en la carretera y nos adentramos en el bosque siguiendo un caminito que nos lleva a la Cueva de Llueva, la cual es impresionante no solo por su tamaño sino por la vegetación que la rodea.


La boca de entrada, sin embargo, es pequeña y hay que hacer una pequeña trepada para llegar a ella. 



Una vez dentro continuamos por un túnel estrecho...


...que desemboca en un paso excavado y descendente que tras pasarlo te sitúa en la cabecera del pozo de 10 metros.
Tras bajar el pozo, se abre una galería de grandes dimensiones y cubierta con un caos de bloques. Avanzamos por el caos de bloques hasta el lago, donde nos ponemos el neopreno para cruzarlo. Una vez cruzado y con la ropa seca de nuevo, continuamos por la galería hasta llegar a una sala con largas estalagmitas. 




Poco después, un destrepe regado y en estrecho nos lleva a una zona de galerías más pequeñas que la anterior y que tras cruzarlas conducen a otra sala de grandes dimensiones, la Sala “The Edge Of Darkness” con una trepada inicial para acceder a ella. En su parte final se pueden ver larguísimos macarrones.





A la vuelta, y tras pasar la trepada, accedemos a otra gran sala “Big Red Knob Room” con un paso estrecho ascendente. En esta podemos observar estalagmitas rojas y mucho más macarrones.






Tras hartarnos de hacer fotos, nos dirigimos hacia el exterior, 



mbobados todavía por todas las formaciones que habíamos visto. Una visita, no solo recomendable, sino casi de las obligadas.



sábado, 9 de marzo de 2013

Sistema Gándara hasta campamento 3

Participantes: Pilar y Carlos

Ya estábamos a 9 de marzo y entre el mal tiempo y las cosas que a todos nos habían ido surgiendo, la verdad es que este año no estaba siendo un buen año espeleológico. A estas fechas la única cueva que habíamos podido realizar había sido la Sima del Sótano de los Lamentos, la cual está muy bien, pero para tres meses que llevábamos sin hacer nada se quedaba un pelín corto.
En esta ocasión habíamos pedido permiso para Cantabria pero nadie podía subir ya que por trabajo o por otras cosas todos tenían algún lío. Pilar y yo no aguantamos más, así que decidimos subirnos solos para dar una vuelta por la cueva de la Gándara, a ver si encontrábamos como se llega al vivac 3. Hace ya unos tres años que tenía en mi poder la topografía completa del sistema pero todavía no habíamos hecho uso de ella, así que ya iba siendo hora. Precisamente con la topo comenzó nuestra aventura, ya que Pilar se encargó de poder hacerla lo más visible posible para poder orientarnos en la cueva. Una vez hecho esto (Pilar eres una máquina) lo siguiente era comprobar sobre el terreno si éramos capaces de guiarnos con semejante topo en semejante cueva.

El día 8 de marzo nos plantamos en el albergue Coventosa y como siempre después de echar unas cerves y cenar un poquito, nos fuimos prontito a la cama porque lo del día siguiente parecía poderse liar demasiado y teníamos que estar descansados.

Al día siguiente nos levantamos dispuestos a darlo todo en la cueva. Después de desayunar, partimos dirección al pueblo de la Gándara. Unos kilómetros antes, en el cruce que conduce al puerto de la Sia, dejamos el coche ya que la entrada a la cueva se encuentra a 500 metros más o menos. Tras cambiarnos de ropa, echamos a andar y en unos 5 minutos estábamos en la entrada del sistema el cual yo ya había visitado en numerosas ocasiones.


Una vez dentro recorrimos la cueva sin dificultad ya que el camino hasta lo que se conoce como vivac 2 lo habíamos realizado varias veces. Aunque la conocíamos bien, esta cueva siempre te sorprende con sus grandes galerías, sus Z tan características...


...y su sala del Ángel que es impresionante.


En tan solo 3 horas y media nos encontrábamos en el vivac 2, aunque un pelín cansados debido a que porteábamos gran cantidad de material por lo que nos pudiéramos encontrar. A partir de aquí empezaba lo bueno, decidimos recorrer lo que a nosotros nos parecía que podía ser la unión con el vivac 3 y la verdad es que al principio pintaba muy bien, había mucho barro, agua y no sé cuantas cosas más, pero después un buen rato nos dimos cuenta de que ya no pintaba tan bien, así que decidimos regresar al vivac 2. Una vez aquí, sacamos la topo y tras echarle un vistazo vimos las cosas más claras (lo tengo comprobado, bajo tierra pienso mejor que delante del ordenador).
Nos pusimos en marcha y después de un rato nos dimos cuenta de que la cueva iba cuadrando a la perfección con la topografía. Como es costumbre en esta cueva empezaron a aparecer cascadas...


...y mucha agua en algunos sitios al igual que zonas muy bonitas.





Después de más de 7 horas que llevábamos en la cueva, por fin llego el momento que esperábamos. La verdad es que no sé muy bien como describirlo, solo decir que fue todo un alegrón llegar hasta vivac 3. Y ya que estábamos aquí porque no ir hasta la galería por la que discurre el río viscoso. Tras el vivac llegamos a una sala que poco después nos lleva al famoso río viscoso.


Desde aquí decidimos regresar de vuelta al vivac 3 y continuar con la exploración otro día. Nos hicimos unas fotos y emprendimos la vuelta a la calle la cual prometía ser dura, ya que habíamos ido como motos toda la cueva y llevábamos un peso adicional de un centímetro de barro del pecho hasta los pies.




Tras 14 horas de cueva salimos al exterior, un pelín cansados pero muy satisfechos de lo conseguido. La verdad es que con la topo es mucho más fácil orientarse en la cueva pero no deja de ser un gran sistema muy complejo. Espero poder darle otro apretón en menos de un año, aunque tenemos muchos planes, así que ya veremos cuando volvemos a la cueva del Gándara.



sábado, 2 de marzo de 2013

Sótano de los Lamentos

Participantes:  Rubén Gálvez, Raúl Camacho, Carlos Heras y la que escribe, Pilar Carrasco


Empezamos el año espeleológico con una sima bastante técnica y de instalación disfrutona, aunque no es de la más bonitas sí es muy recomendable. Había estado nevando los días anteriores al día en que decidimos ir a Uña a realizar esta actividad. Las pistas forestales que acceden a la sima presentaban unos 15 cm de nieve, así que tuvimos que dejar el coche a más de 4 km en línea recta de la boca de la sima y echar a andar con todo el material a la espalda. 

 

En algo más de 1 hora llegamos a la sima, la nieve y la verde vegetación de la boca producían una estampa espectacular. Después de recuperar energías con un pequeño tentempié, Carlos comenzó a instalar. 

 

El primer pozo de 9 m es muy bonito, comienza con un puente de roca y termina con un enorme tronco cruzado que ha sido arrastrado a su interior. 




Después de bajarlo continuamos descendiendo por el pozo de 45 m y después por otro más pequeño de 9 m. Lo que viene después es una galería amplia, la Sala de la Arena, que acaba en un meandro estrecho con su Paso de Pecho. 


A continuación viene la guinda de la cueva, que son los pasamanos aéreos por encima de dos pozos uno de 20 y otro de 25, para terminar bajando por un ultimo pozo de 18 m y tocar suelo. 





Ya solo nos quedaba salir de allí y emprender nuestra vuelta al coche con la nieve en los pies y la luna llena alumbrándonos el camino.